“Extranjero aquí, extranjero también en mi país”

Esta entrevista relata el testimonio personal de un joven inmigrante de Afganistán.

Ibrahim tiene 27 años, es de Afganistán y reside actualmente en Grecia. Es un hombre muy sencillo con una bondad sin límites. Al hablar, el tono pacífico de su voz esconde una madurez especial, que uno solamente consigue a través de sus vivencias. Y las vivencias de Ibrahim no son las normales para un hombre de su edad. Sus experiencias le han hecho ver la vida de manera realista, sin embargo no le han cambiado como persona, sino todo lo contrario. Me recibió con una cálida sonrisa y un afectuoso apretón de manos, para contarme los problemas a los que tuvo que hacer frente y sigue teniendo que hacer frente a día de hoy.

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Ibrahim, ¿por qué has tenido que abandonar tu país?

Me tuve que marchar a causa de la guerra. Era un niño por aquel entonces y mi padre tenía miedo de que me alistaran. Los talibanes iban a los pueblos y reclutaban a niños por la fuerza.

¿Cómo te fuiste de allí?

Me fui con mi hermana y su marido. Hicimos todo el viaje a pie. Pagamos mucho dinero a un traficante que nos llevó a Irán y de ahí a Turquía. Durante un tiempo nos quedamos en Turquía y luego cruzamos la frontera con Grecia. Fuimos a Alexandroúpoli y de ahí viajamos en tren hasta Atenas.

¿Ha habido momentos peligrosos durante el viaje?

Sí que hubo, especialmente en la frontera de Irán con Turquía, debido a los problemas que los turcos tienen con los kurdos. Una mañana estábamos durmiendo en el cauce seco de un arroyo cuando unos soldados nos despertaron. Nos dijeron que nos habían visto la noche anterior mientras estábamos andando y casi nos disparan. Pensaron que éramos miembros kurdos del PKK (Partido de Trabajadores de Kurdistán). No abrieron fuego gracias a los niños que iban con nosotros. Muchas personas han muerto de esta manera.

¿Cuántos días estuvisteis andando?

Cinco o seis días desde Afganistán hasta Irán y más o menos una semana desde Irán hasta Turquía. Andábamos de noche y dormíamos durante el día. Las condiciones fueron muy complicadas debido al invierno; mucho frío y mucha nieve. Teníamos algunas provisiones, pero en un momento dado se acabaron, así que tuvimos que armarnos de paciencia hasta que pudiéramos encontrar algún sitio donde comprar algo de comer.

¿Qué hicisteis al llegar a Grecia?

Una vez llegados a Alexandroúpoli el traficante nos robó. Nos quitó el dinero, todo lo que teníamos, y nos dijo que nos fuéramos o nos mataba. Yo estaba con mi hermana, su marido y otros dos niños. Por suerte, al rato, un hombre muy amable que estaba de paso con su coche nos vio caminando sin rumbo. Paró y nos preguntó adónde nos dirigíamos. Yo sabía hablar inglés y un poco de griego, así que le expliqué lo que había pasado y que queríamos llegar a Atenas. Nos llevó a la estación de tren y nos compró billetes para Atenas. Una vez llegados ahí fuimos al centro de refugiados.

¿Qué tal vivíais allí? ¿El Estado os otorgó el asilo?

No, no nos lo dieron. Nos dieron una tarjeta rosa que sirve para una estancia temporal. Vivíamos en el centro de refugiados y yo encontré un trabajo porque necesitábamos dinero. Pero un día, al volver del trabajo, descubrí que mi hermana, su marido y los dos niños se habían marchado. Habíamos hablado sobre ello, pero no me esperaba algo así.

¿Cuántos años tenías por aquel entonces, Ibrahim?

Tenía unos trece, catorce años. Estaba solo, no conocía a nadie. En el centro de refugiados tuve varios problemas con unos niños mayores que yo, y le pregunté al asistente social si podía irme de allí. Así que me mandaron a una fundación para niños huérfanos en Paidopolis, Tesalónica. Mientras estaba ahí, ya me había sido denegado el asilo, pero por alguna razón no me avisaron con suficiente antelación para poder volver a registrarme. Me avisaron casi un año después y por lo tanto perdí el derecho de asilo. Todavía tengo problemas con mi documentación debido a ese error. Hace poco me detuvieron. Pasé veintidós días en la cárcel… Una situación horrible. Por suerte, unos conocidos me ayudaron y me dejaron libre; si no hubiera pasado entre tres y doce meses en la cárcel.

¿Cómo acabaste en el orfanato de Papafio?

En 2001, cuando el orfanato de Paidopolis fue cerrado, nos mandaron a Papafio. Me quedé ahí hasta 2008 y después alquilé una casa junto con un amigo.

¿Qué tal te fue en Papafio?

Muy bien. Hice muchos buenos amigos allí. Iba a la escuela, pero lo más importante para mí era tener un trabajo. Lo necesitaba porque el dinero que nos daban no me llegaba para sobrevivir por mi cuenta.

¿Has estado en contacto con tu familia, Ibrahim?

No. Mataron a mi padre en marzo del año pasado. El resto de mi familia fue obligada a abandonar el país. Desafortunadamente no sé dónde están. No mantenemos ningún tipo de contacto.

¿Durante tu estancia aquí, has sentido algún tipo de rechazo debido a tu nacionalidad?

Si, y eso me produce tristeza. Me acuerdo de que una vez, cuando llamé para solicitar un trabajo que vi anunciado en el periódico, me contestaron que preferirían contratar a alguien de aquí. Me resultó muy complicado buscar trabajo. Sabía que tendría que hacer frente a este tipo de cosas. La gente reacciona de manera extraña cuando escucha mi nombre. Creo que es injusto juzgar a todos los inmigrantes por el mismo criterio. Para muchos, por ejemplo, si en la televisión sale un afgano que cometió un crimen, eso significa que todos los afganos somos malos.

¿Qué esperas del futuro, qué expectativas tienes?

La verdad es que ya ni siquiera sé qué esperar. Tenía esperanzas de poder quedarme en Grecia, pero ya no. No puedo volver a casa porque sé que me matarían.

¿Qué te habría gustado hacer?

… Me gustaría tener derechos. Quiero decir, he vivido aquí unos quince años. He aprendido el idioma, he ido al colegio, he acabado el bachillerato y una enseñanza técnica… Pero soy un extranjero aquí y un extranjero también en mi proprio país. No he visto a mi familia durante dieciochos años. A mi padre lo mataron y mi madre debe tener unos sesenta y nueve, setenta años.

¿Hay alguna novedad sobre tus papeles? ¿Estás esperando algún tipo de respuesta?

Estoy esperando a que la policía me llame para darme la tarjeta rosa y luego ir a Atenas para una entrevista. Me dijeron que duraría un mes pero ya han pasado dos y todavía no me han llamado.

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¿Qué te gustaría decirle a la gente que lea este artículo?

Que no juzguen solamente por las apariencias. Que no juzguen a otras personas por el aspecto físico, sino que intenten leer sus corazones, que intenten conocerlas, que se sienten y hablen con ellos. Lo que cuenta es el interior.

[crp]

Autor

Yiorgos Toumanidis (Grecia)

Estudia / Trabaja: Estudios de Cultura Europea, Teatro, Escritura teatral y Escritura Creativa

Habla: griego, inglés, español

Europa es… una mezcla de culturas que necesita ser agitada de la manera adecuada

Twitter: @yiorgostouma

Traductor

Andrei Cirlanaru (España)

Estudia/Trabaja: Literatura Inglesa

Habla: español, inglés, rumano, francés

Europa es… una variedad de culturas, costumbres e idiomas a punto de encontrarse en medio del camino.

 

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Author: maria

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