Sueños mexicanos, realidad española y éxitos personales

Si caminas por alguna ciudad española escucharás diferentes acentos, muchos de ellos de Latinoamérica. Pero, ¿qué lleva (o llevaba) a jóvenes del otro lado del charco a comprar un billete de avión, llegar a España y cambiar completamente de vida?

Cuando una cocinera ofreció a Miguel (30 años, cocinero) un trabajo en España en 2008 no se lo pensó dos veces: “la verdad es que siempre me sentí atraído por España y cuando llegué pensé en conocer todos sus rincones y aprender de su gastronomía”, comenta el joven mexicano de Monterrey.

Víctor (28 años, artista) vino a España en dos ocasiones en 2007 y 2009 antes de quedarse definitivamente. “La segunda vez me quedé para realizar una serie de proyectos artísticos que tengo y que estoy llevando a cabo con un amigo”, afirma mientras escribe un mensaje en su móvil de última generación.

La curiosidad también llevó a Martín (27 años, hostelería) a cruzar el charco y empezar su aventura europea. En su caso, unos amigos españoles que conoció en México le hablaron de la posibilidad de estudiar un Máster de Ingeniería y, frente a la inexistencia de barreras lingüísticas, decidió matricularse en la Universidad de Málaga.

 

Sin embargo, las barreras a las que se han enfrentado estos tres jóvenes mexicanos son bien distintas. Miguel, quien lleva años trabajando en distintos restaurantes y se ha especializado en gastronomía mexicana, es rotundo cuando habla de la situación de los inmigrantes sin papeles en España: “nos enfrentamos a muchas trabas y problemas constantemente y, por desgracia, estos problemas comienzan en los consulados de nuestros propios países”, afirma.

Según un informe de la Comisión Europea (CE) publicado el 3 de junio de 2013, España es el segundo país del área sin fronteras interiores Schengen, después de Alemania, donde se detectaron más entradas de inmigrantes ilegales con 1.150 personas entre el 22 de octubre y el 4 de noviembre pasado.

Al cruzar la frontera

Cuando cruzan la frontera, la situación de estas personas cambia radicalmente y la indefensión provocada por la falta de documentos genera violaciones claras de derechos humanos. “Actualmente nos enfrentamos a no poder ir al médico si estás enfermo, no puedes alquilar un piso, ni tener un contrato de móvil y, desde luego, en ámbito laboral muchísima gente no quiere pagar una multa altísima por darle trabajo a un ‘sin papeles’”

La situación sanitaria es especialmente sangrante. Desprotegidos, sin acceso al sistema sanitario español y enredados en una madeja legal que vulnera el derecho a la salud. 873.000 inmigrantes en situación irregular se enfrentan a este desamparo legal desde que el Estado español les ha retirado la tarjeta sanitaria en aplicación del Real Decreto del Gobierno de 1 de septiembre de 2012. La excusa oficial por parte del Ejecutivo del Partido Popular fue “evitar el fraude en la obtención de la tarjeta sanitaria española” pero, sin embargo, numerosos entes están denunciando la situación.

La organización no gubernamental Amnistía Internacional es uno de ellos. Hace unos meses presentó el estudio ‘El laberinto de la exclusión sanitaria’, donde se analizan las dificultades que se encuentran los inmigrantes a la hora de acceder a la atención sanitaria en las distintas comunidades autónomas.

“España no puede escudarse en sus disposiciones u organización territorial para incumplir las obligaciones adquiridas como Estado con el respeto de los derechos humanos”, reza el informe en relación a la frecuente vulneración del derecho a la salud que recoge la Constitución y que lee María Antonia Alcaide, coordinadora de Amnistía Internacional Málaga.

La incertidumbre de ser repatriado

Para Martín, “la incertidumbre de ser repatriado” es el mayor problema de ser un inmigrante ilegal en España. Él reconoce que ha tenido suerte, puesto que nunca se ha encontrado en una situación comprometida más allá de “algún control de policía en la estación de autobuses, cuando mi permiso de estudiante estaba a días de caducar”, explica.

Hace un año, la Dirección General de la Policía emitió una instrucción en la que expresamente prohibía a sus agentes las redadas masivas e indiscriminadas de inmigrantes en situación irregular en toda España. Pero estas actuaciones policiales se siguen produciendo hasta el momento, tal y como ha constatado el Defensor del Pueblo y numerosas ONGs y colectivos.

Entre ellos se encuentran las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos, ciudadanos que se unen para hacer rondas pacíficas y velar por los derechos de los inmigrantes ilegales y denunciar redadas raciales realizadas por la policía.  En su página web, las brigadas explican su función: “denunciamos los controles de frontera que existen en todo el Estado español: policías apostados en puntos estratégicos y de uso cotidiano (estaciones de metro, intercambiadores, autobuses, plazas, locutorios y puertas de colegios), acosando, pidiendo papeles, deteniendo a algunos vecinos en función de su apariencia”.

De hecho, “tramitar los permisos para regularizar mi situación legal en España” ha sido el momento más difícil para Martín, quien finalmente ha conseguido la documentación que le permite legalmente trabajar en España. Sin embargo, no todos los inmigrantes tienen la misma suerte.

Según fuentes oficiales de la Dirección General de la Policía recopilados por el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, el Ministerio del Interior fletó durante 2012 un total de 153 vuelos de repatriación de inmigrantes a través de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras y otros 13 en colaboración con la Agencia Europea de control de las fronteras exteriores (FRONTEX), con los que se logró la expulsión de 3.251 extranjeros.

Miguel va más allá y hace un paralelismo con la situación en su país: “lo más incomprensible, desde mi punto de vista es saber que las grandes empresas en Latinoamérica normalmente son de europeos y, por supuesto, esto me parece muy injusto”.

Por su parte, Víctor evalúa la situación actual y reflexiona sobre la importancia de las expectativas individuales. “Creo que la mayoría de las personas creen que un país o un sistema de gobierno les dará el éxito ya sea laboral, económico, etc. y mejorará su calidad de vida. Al escuchar que en este país hay crisis han comprado la idea de que ya se alcanzará dicho éxito. Por ejemplo, el cambio de la moneda de su país a euro parece una buena opción, pero creo que también hay mucha gente que sabe que esto no es así y que el éxito depende de cada persona y debemos buscar vivir en un país que emocionalmente nos ayude a tener dicho éxito personal”.

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Autor

Ruth de Frutos (España)

Estudia / Trabaja: Periodismo

Habla: español, italiano, inglés, algo de portugués

Europa es… el lugar donde vivo y trato de conocer mejor cada día.

Twitter: @ruthdefrutos

Fotografía

Nacho Mayorga

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Author: Anja

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