(No) una minoría: Musulmanes entre la inclusión y la discriminación

En esta colaboración invitada, la politóloga Saskia Schäfer argumenta la necesidad de que los ciudadanos de las sociedades modernas reconozcan la complejidad, temporalidad y variabilidad de las identidades.

Por Saskia Schäfer / 11.7.2017

En su larga entrevista con Gunter Gaus en 1964 Hannah Arendt describió que en su casa, cuando era pequeña, nunca le dijeron que era judía. Ella dijo que su laica madre nunca utilizó aquella palabra, y que esta parte de su identidad le fue revelada en cierto momento a través de los comentarios antisemitas de otros niños por la calle. Más adelante, en la escuela, le dijeron que debía abandonar inmediatamente la clase si los profesores hacían algún comentario antisemita -fundamentalmente sobre los niños judíos del este de Europa- y transmitirle las palabras exactas a su madre, que luego se quejaría ante el director.

Su opinión sobre la importancia crucial de la identidad judía se solidificó con los años, incluso antes del Holocausto. En la entrevista dijo: “Cuando te atacan como judío, tienes que defenderte como judío. No como alemán o como ciudadano del mundo o de los derechos humanos o algo”.

¿Y los vecinos? ¿Cómo puede uno defender a aquellos a los que se les tilda de no pertenecer a la comunidad por razón de su identidad?

En estos tiempos de creciente nacionalismo con percepciones étnicas homogeneizantes, no son solo los judíos europeos, sino también en creciente medida los musulmanes europeos, los que están sometidos a múltiple ataques. En Alemania, estos van desde los inadecuados intentos de aceptar las ejecuciones de nueve micro-emprendedores turco-alemanes y greco-alemanes llevadas a cabo por la extrema derecha, a los aproximadamente diez crímenes con motivaciones raciales que se cometieron a diario durante el 2016. Musulmanes, hombres y mujeres, nietos y nietas de antiguos trabajadores migrantes, así como aquellos que desean una sociedad abierta y diversa, se están uniendo para tratar de contrarrestas la creciente furia nacionalista. ¿Pero con qué? “Más pañuelos en los programas de entrevistas, más diversidad religiosa en las clases en la escuela”, dicen algunos; “la abolición de los privilegios de las religiones tradicionalmente establecidas”, rebaten otros.

Hace diez años el etnólogo Arjun Appadurai escribió un libro sobre “el miedo a los números pequeños” donde examina los orígenes de los denominados conflictos étnicos. En él argumenta que la teoría política liberal había proporcionado originariamente derechos especiales para las minorías, que entendía como agrupaciones de personas de carácter procedimental y temporal. Así es como pensadores como John Stuart Mill y Alexis de Tocqueville querían proteger a los sistemas políticos de la “tiranía de la mayoría”.

Estas banderas de oración en la provincia de Yunnan, en el suroeste Chino, señalan la presencia de la “minoría étnica” tibetana. Pero, ¿está justificada esta categorización en diferentes etnicidades? © Hannah Illing

Después de que la categorización europea de las distintas razas y etnicidades fuese aceptada a través de las políticas coloniales y fuese diseminada mediantes censos y mapas, estos derechos especiales fueron a menudo delegados a las denominadas “minorías importantes”, es decir, a las minorías definidas de manera casi inalterable por su afiliación étnica o religiosa. En lugar de luchar por las reformas agrarias como granjeros explotados un año, y abogar por el establecimiento y equipamiento de escuelas como padres involucrados por la educación al año siguiente, las preocupaciones se atribuyeron a largo plazo a ciertas minorías y mayorías étnicas, y no solo desde fuera, sino también desde los propios miembros de estas minorías declaradas.

He encontrado tensiones similares entre las distintas posibilidades de representación de las llamadas ‘minorías’ en mi propia investigación sobre los discursos públicos del Islam en Indonesia, el país con la mayor población musulmana del mundo. Desde los inicios de su democratización en 1998, tanto los miembros de las pequeñas como de las grandes organizaciones musulmanas, así como los musulmanes del colectivo LGBTQ, han sufrido cada vez más ataques. Se les acusa de utilizar las prácticas y símbolos del Islam pese a ser apóstatas y por lo tanto no ser musulmanes. Estas alegaciones aparecen en distintas formas y a distintos niveles. Un ejemplo de ello es el rumor de que los seguidores de la Ahmadía, una organización globalmente activa que fue fundada a finales del siglo XIX en la India, cuando estaba controlada por los británicos, han modificado la profesión de fe islámica, lo que supondría un grave insulto al Profeta. El rumor no se corresponde con las verdaderas prácticas de la Ahmadía. De hecho los Ahmadíes recitan la profesión de fe cinco veces al día durante su rezo. Incluso los políticos más veteranos alimentan este rumor con regularidad, por ejemplo proclamando en las ceremonias de conversión: “¡Gracias a Dios, los antiguos Ahmadíes recitan la profesión de fe!” Estas declaraciones rápidamente aparecen en los titulares, y así perduran los rumores de que los Ahmadíes insultan al profeta. Cuando en 2011 un asalto a un grupo de Ahmadíes en Java Occidental acabó con tres Ahmadíes muertos, los autores no sólo fueron sancionados con ligereza, sino que se resaltó el comportamiento supuestamente provocador de los Ahmadíes y uno de los integrantes del grupo estuvo varios meses en prisión tras ser identificado como un agitador.

Los Ahmadíes, han comenzado a defenderse ante esto y ha habido un cambio en la imagen de los Ahmadíes en los medios de comunicación. Está resultando obvio que, en primer lugar, no habían tenido oportunidad de hablar. Su defensa había sido llevada a cabo por activistas de derechos humanos. Tras el ataque en Java Occidental, los propios Ahmadíes eran invitados a los programas de entrevistas y, después de que aparecieran un puñado de oradores, sus perspectivas también eran mencionadas en los artículos. Pero, ¿cómo pueden defenderse los Ahmadíes? ¿Qué argumentos se escucharán? Mi análisis del discurso muestra que predominan dos esquemas interpretativos: el argumento de la libertad religiosa y el del nacionalismo. Ambos son discursos poderosos en Indonesia. Mi hipótesis es que en la actualidad los derechos humanos y el nacionalismo apenas están funcionando como líneas de vida de los Ahmadíes, que han sido discriminados y marginalizados.

Yo argumento que la reducción severa en los discursos públicos puede tener consecuencias peligrosas a largo plazo para estos dos únicos esquemas interpretativos. Tal y como la politóloga Elizabeth Shakman-Hurd ha demostrado en su último libro en el campo de las relaciones internacionales, la reducción de la identidad a un único aspecto dominante cierra la puerta a la posibilidad de alianzas diversas. Si la mayoría musulmana de Indonesia no ve a los Ahmadíes como hermanos y hermanas de fe, entonces dependerá de su aceptación de los derechos humanos y de la fortaleza del sentimiento nacional el que acepten la existencia de los Ahmadíes. Y, de hecho, incluso si consideran a los Ahmadíes seres humanos. Todos somos conscientes de los rápido que cambian las sociedades, de lo rápido que las categorías asignadas a grupos pueden ser excluidas de la comunidad. La frágil tolerancia fundada en uno o pocos rasgos de identidad da lugar al doble peligro de que este rasgo pierda importancia en la sociedad o de que su categoría correspondiente deje de formar parte del grupo al que se creía que pertenecía.

Para la situación actual en Europa esto significa que puede que no se trate sólo de defender el derecho de mi vecino a ser diferente, sino de cuestionar constantemente si esa diferencia realmente existe. El estudioso islámico suizo
Tariq Ramadan cree que los musulmanes europeos no son para nada una minoría, sino simplemente ciudadanos europeos. En cambio, debemos recurrir a la complejidad, temporalidad y variabilidad de las identidades. La identidad de la mujer trabajadora, del padre, de la niña jugando al balonmano, el representante de clase, la mujer química. Las sociedades tienen que dejar atrás las fantasías de homogenización traídas por los fortalecidos nacionalismos y la separación en identidades cada vez más fragmentadas, y deben encontrar una forma de reconocer las identidades específicas sin que estas impidan la formación fluida y en constante renegociación de alianzas procedimentales y de resolución de problemas.

Este artículo fue publicado originalmente por elnuevofederalista.es. elnuevofederalista.es es la revista de los Jóvenes Europeos Federalistas. Su contenido también se publica en francés, inglés, alemán e italiano.

Autora

Saskia Schäfer (Alemania)

Saskia Schäfer es politóloga. Obtuvo su PhD de la Freie Universität Berlin y ha completado estancias de investigación en la Columbia University en Nueva York y en The Chinese University de Hong Kong. Sus intereses de investigación incluyen en el análisis del discurso y de los medios de comunicación, la autoridad religiosa y política, el secularismo, la moralidad pública, el feminismo islámico y el Islam. Saskia Schäfer ha llevado a cabo extensas investigaciones en el Sudeste Asiático.

Traductora

Soledad Román Pérez-Moreira

Estudia/Trabaja: Derecho y Ciencias Políticas y de la Administración

Habla: Español, inglés, francés, alemán, algo de italiano

Europa es…un sueño multicultural por cumplir.

Twitter: @dadelosnamor

Blog: http://sromper.blogspot.de

Revisora

Miriam Vázquez (España)

Estudia / Trabaja: Periodismo y Ciencias Políticas y de la Administración

Habla: español, catalán, inglés, algo de francés y alemán

Europa es… un lugar único donde convive gente de diferentes culturas, idiomas y puntos de vista.

Twitter: @mirabroad

Esta entrada está también disponible en Català, Deutsch, English, Français, Italiano y [Main Site].

Author: Anja

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